La manzanilla es una planta perenne, de matas muy densas, muy conocida y utilizada desde tiempos antiguos, ya que egipcios, griegos y romanos la utilizaban cómo planta curativa para paliar dolores de hígado e intestinos. La manzanilla crece en los márgenes de caminos y sembrados que sean secos y soleados, y se puede encontrar en la mayor parte del territorio europeo. Las flores se recolectan en primavera cuando aún están un poco cerradas y se secan a la sombra, extendidas, o mediante procesos artificiales.
Una vez secas las flores, la infusión de manzanilla es aromática y ligeramente amarga. Acostumbra a tomarse sin añadirle leche, pero se puede combinar con otros aditivos cómo limón, miel o canela con el fin de mejorar su sabor. La infusión de manzanilla es un gran estimulante digestivo, y es por este motivo que acostumbra a tomarse después de comidas copiosas para aliviar la sensación de pesadez. Al ser una planta relajante, también se le atribuyen propiedades positivas para tratar las cefaleas e insomnio producidos por el estrés y la ansiedad.