Al igual que el té negro, el té verde se obtiene de las hojas de Camellia Sinensis, pero a diferencia del primero, en su tratamiento no existe un proceso de fermentación. Las hojas de té verde se recogen frescas, y su torrefacción se puede realizar secando las hojas por acción del vapor (sistema japonés) o por el calentamiento (sistema chino). El té verde supone una cuarta parte del total de té producido mundialmente, y los principales países productores son China, Japón y Vietnam.
El té verde tiene sus orígenes legendarios en la China de hace más de 4000 años. Ésta planta ha sido utilizada a lo largo de la historia cómo bebida, pero también cómo método de medicina tradicional china durante siglos. Entre las propiedades que le otorgaban estaba el control del sangrado, la cicatrización de heridas, y la regulación de la temperatura corporal y del azúcar en sangre. En los últimos años, el té verde ha ganado adeptos en las regiones occidentales, consumidoras por excelencia del té negro.
Estudios médicos llevados a cabo en las últimas décadas, han demostrado que, la infusión de té verde puede tener muchas propiedades beneficiosas para la salud, entre las cuales:
Paliante de la migraña y la fatiga mental: al ser estimulante ayuda a combatir la sensación de cansancio y somnolencia.
Broncodilatador: ayuda a relajar el músculo liso de los conductos bronquiales.
Diurético y vasodilatador.
Aumenta la termogénesis: se une a muchas dietas de adelgazamiento por su efecto de incremento de la termogénesis, proceso mediante el cual el cuerpo quema calorías para producir calor.